El sabor de un petit baiser, una Pana Cotta con mango y cuidado con los besos que dicen lo que has callado

un besoRecuerdo de ella el color de su pelo -un castaño cobrizo que brillaba tanto o más que el sol- y el olor; era un perfume delicado como sus andares que me recordó al olor del cilantro, de la manzanilla y la bergamota. Su nombre no me lo llegó a decir, pero sí a qué sabe una Pana Cotta. Describió el sabor diciendo que era lo más parecido a un un petit baiser, justo el nombre que eligió para su establecimiento, en el que sólo se vende este postre italiano; eso sí, en tantas versiones como una mente nunca jamás llegaría a imaginar.

Las hay con chocolate, con frutas -con todas ellas- con mermeladas y compotas. Las hay sólo con caramelo, con gelatinas de miles de colores. Las hay con café, con trufa… Hay tantas -tan diferentes todas- que cuando te plantas delante del enorme mostrador no sabes que elegir. ¿Cómo se puede elegir el sabor de un pequeño beso? -le pregunté. Los besos no se pueden elegir, me temo -me contestó en un perfecto castellano. Será por eso, que sin que yo se lo pidiera ella eligió por mí diciéndome que hay dos verdades a su entender en esta vida: que nadie debería dejar de recordar a qué supo el petit baiser -ese que al final de la vida se convierte en el único que existió- y que nunca sabremos que dirían unos ojos si supieran hablar…

mangoYo no os lo puedo describir con palabras, pero sí daros la receta de una Pana Cotta que te hace sentir lo más parecido a lo que se siente cuando se anda sobre las nubes, a qué tacto tiene el mar, a la temperatura perfecta de una caricia o al punto exacto de dulzor que tienen las palabras que oyes y que son dichas desde otro corazón que no es el tuyo…

Ingredientes:

Tres cucharadas de gelatina en polvo sin sabor

Una taza y media de leche entera

Una taza de nata

Una cucharada de azúcar granulada (La cantidad de azúcar depende del dulzor que se pretenda)

Una cucharadita de extracto de vainilla

Dos mangos maduros, cortados en trozos pequeños.

un-beso-perfectoHabía pensado en daros la receta de la Panna Cotta que se hace con queso, pero esta es la original. Las versiones las dejaremos para otro momento cuando no hay demasiado secreto en una receta que es sencilla y fácil de hacer. Tanto que hasta resulta increíble cuando ves el resultado. Y mientras buscáis lo que necesitamos para hacer este postre italiano, quería deciros que los besos, sean grandes o pequeños, ya sean delicados o intensos, son los que siempre dicen lo que uno ha callado. Los besos mejores son los robados, los que suceden de la manera más imprevista; los besos curan los labios partidos y que como dijo Paul Geraldy: el beso más difícil no es el primero, sino el último; Y sobre todo, que la decisión del primer beso es la más crucial en cualquier historia de amor porque contiene dentro de sí la rendición…

14784-Life-Is-For-Deep-KissesPreparemos esa Pana Cotta: Vertemos la leche en un cazo y espolvoreamos la gelatina de manera uniforme sobre la parte superior. Dejamos que la mezcla cueza a fuego lento durante cinco minutos o el tiempo suficiente hasta que la superficie de la leche se arrugue. Vierta la leche en la cacerola y espolvorear la gelatina en polvo uniformemente sobre la parte superior. Vamos a suavizar durante 5 minutos o hasta que la superficie de la leche es arrugada y los granos de gelatina mirada húmeda y ligeramente disuelto. A continuación, se añade el azúcar hasta que se disuelve ta,bien sin dejar que la mezcla llegue a hervir en ningún momento.

Una vez conseguida la textura se retira del fuego para añadir finalmente la nata y la vainilla. Mezclado todo se reparte en moldes o flaneras y se deja en la nevera por un tiempo que no debe ser inferior a cuatro horas. El desmoldado de las flaneras ya sabéis como es, lo que quizás no sepais es que la Panna Cotta hay que servirla al menos veinte minutos después de haberla sacado de la nevera. La decoración con el mango no tiene más dificultad que cortar la fruta en pequeños trocitos acompañando al postre una vez desmoldado o bien poniéndolo por encima en el caso de optar por la presentación individual sin desmontar…

Et voilá, en menos de diez minutos tendremos ese sabor a beso metido en un tarrito de cristal. En menos de diez minutos desvelaremos el sabor del truco más inteligente para cuando las palabras se vuelven superfluas. En menos de diez minutos sabremos o más bien recordaremos a qué sabe el principio de un final aunque sea el beso de la llegada; en diez minutos habremos hecho un rico postre, yo nunca olvidaré el sabor de ese petir baiser francés y que a tí te gusta con queso. Tampoco olvidaré eso que dicen que escribir es como besar sin labios o que para ser inmortal solo hace falta que un escritor se enamore de tí.

¿Te he dicho que yo no quiero ser inmortal? Prefiero ser la mortal que coleccionaba tomos que me convertían en otra ladrona de libros. Debe ser coincidencia que esa fuera uno de mis novelas favoritas, no lo sé; pero lo cierto es creo que tú también pronunciaste ese famoso ‘un día te morirás por besarme’ cuando ni siquiera me conocías; cuando solo me imaginabas y veías en mí lo que eres tú.

Feliz miércoles y no olvidéis que hay muchas maneras de ver las cosas siendo la mejor con los ojos cerrados y que la curva más bonita que existe es la de una sonrisa.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario