Lo nuestro fue tan fugaz, que nos vió una estrella y pidió un deseo…

Martes, siete de la mañana, hora de escribir. No hay café que me despierte y llueve. Mi globo de cumpleaños aún está sobre la mesa para recordarme que ayer tuve merienda sorpresa en una alarde de eso que dicen que los días no son como empiezan sino como acaban. Y es que el diez de noviembre hace un año que dejó de ser solo mi cumpleaños, pero eso es también cuestión de tiempo como todo, supongo.

7No faltó de nada, salvo una felicitación: la más importante. La que sabía que no llegaría. Y es que los humanos tenemos esa insana costumbre, la de esperar demasiado de las cosas que no son, no han sido, no fueron y nunca podrían ser…

Y es precisamente de eso de lo que hoy os quiero hablar; no de lo que yo espero o dejo de esperar sino de las expectativas y de un libro: La luz de Candela; una novela escrita en primera persona alternada con monólogos de personajes que a través de sus breves inclusiones junto a los microcuentos dibujan a un personaje herido de amor; un amor dimensionado en un complicado juego en el que la belleza exterior y las artes amatorias se convierten en los ingredientes de una historia más donde uno quiere más que otro, de una obsesión no correspondida y del posterior, tedioso y largo proceso de superación de ese amor que se convierte en centro de la historia.

Dice una de las críticas que leí acerca de esta novela, la primera de Mónica Carrillo, que la autora se reitera en las mismas emociones de masoquismo disfrutado y deliberado mientras yo me pregunto ¿Quién no ha caido en ese masoquismo en la vida real? ¿Quién no lo ha hecho si ha querido de veras? ¿Quién no ha sentido que quería más que el otro? ¿Quién no se ha preguntado cómo es posible que el contrario pueda vivir sin nuestros besos cuando a nosotros nos cuesta hasta respirar?

la luz de candelaPreguntas que no tienen respuestas como en esta historia de dependencia emocional con un patrón literario que parece estar de moda; un ritmo que entretiene sin entrar en concreciones y sin apenas diálogos con un protagonista masculino dibujado a través de la voz de una mujer. Dicen algunos que Mónica defrauda, mientras yo digo que Mónica emociona. Líneas que son solo piel.

Así es que para los que se atrevan con una primera obra, os sugiero esta “Luz de Candela” y sus bellos microcuentos… Para los que quieran otra cosa, como no: lo último de Joél Dicker que nos dejó a todos satisfechos con esa ‘La verdad sobre el caso de Harry Quebert’, convertido en fenómeno literario después de haberlo intentado con cinco novelas anteriores y cuando estaba a punto de tirar la toalla.

joel dicker“Los últimos días de nuestros padres” es mi propuesta pues para esta semana en la que parece que ha llegado el invierno: Un relato de espías que narra un incidente poco conocido de la Segunda Guerra Mundial (la historia de una unidad de inteligencia británica llamada Special Operation Executive que se ocupó de entrenar a la resistencia francesa durante este periodo histórico) en la que no falta el amor, la amistad y una reflexión profunda sobre el ser humano y sus debilidades.

A mí es Dicker quien me espera esta noche. Un buen plan para quien ya sabe que hay amores tan fugaces que cuando los ven las estrellas piden deseos, que entre mis sueños y la realidad sólo estoy yo, que tras un adiós solo hay que llevarse como mucho una canción y que no deberíais profanar nunca lo que un día fue sagrado. Hay que endulzar siempre las palabras -dicen- porque tal vez un día llegue la hora de tragárselas…

Buen Martes ;)) Mañana una receta, chocolate y mucho amor… el preludio de una tormenta

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