Entre mis sueños y la realidad seguimos estando nosotros…

Image-1 (11)Alguien me dijo una vez que existe una leyenda que dice que cuando no puedes dormir por las noches es porque estás en los sueños de otro. También me dijeron una vez, hace aún más tiempo, que hay veces en las que sucede, pocas, pero sucede, que dos personas se encuentran, se miran y sin pretenderlo se unen para siempre y la expresión una vida entera se tatua bajo sus pieles. Cuando esto pasa, todo deja de tener importancia porque entre sus sueños y la realidad están ellos, con esas miradas que brillan como lo hace el mar en calma a primera hora de la mañana; con esas sonrisas que desafían de frente a la poderosa envidia. Cuando eso sucede no hay más que el sonido de sus voces susurradas entre ellos, diciéndose cosas que el resto de los mortales no pueden escuchar porque ellos están hechos de otra materia y se quedan como el eco: reverberando en el infinito aún cuando ellos ya se hayan ido.

Sale el AVE dirección Madrid. Es el último de la tarde y el vagón va prácticamente vacío. A su lado, sin embargo, una señora que debe tener unos cincuenta años. Se fija en sus manos; tiene la piel cuidada y unos dedos largos y elegantes. Mira el guante que reposa sobre una de sus piernas; el otro lo lleva aún pueso en su mano izquierda. Deja de mirarla y se asoma a la ventanilla donde el triste paisaje de la estación se va desdibujando por la velocidad de ese tren de la tarde de un día de noviembre cualquiera. Oye la megafonía del tren que anuncia la salida y la próxima parada. Apoya su frente en el frío cristal y cierra los ojos…

Image-1 (9)-Todos tenemos que decir adiós alguna vez. Hay adioses que duelen, otros que se lamentan y algunos que te desgarran el alma -oye que dice la señora de los finos guantes de piel.

-¿Y qué sudece cuando ni siquiera pudiste decir adiós? -se atreve a preguntar sin cambiar su postura. Parece que ha adivinado sus pensamientos. Está pensando en alguien, en la distancia que pondrá ese tren y en esas palabras que anunciaban una despedida precipitada.

-Siempre existe ese adiós; de una manera o de otra. Siempre existe un último beso, un último abrazo, la última palabra o esa última sonrisa. También hay despedidas, claro está, en las que no hay nada de eso. ¿Has leido a Yann Martel alguna vez?

-No, no leo demasiado, tal vez debería hacerlo…

-Tal vez deberías porque en los libros se encuentran cosas como una que dice que toda la vida es un acto de dejar ir, cuando lo que duele más es no haber tomado un tiempo para haber dicho adiós…

Image-1 (10)Fue entonces cuando aquella señora le contó con su voz aterciopelada la más bonita historia de amor que jamás habría podido imaginar. Una historia contada con tanto amor que hasta ella sintió envidia de aquellas manos subiendo un vestido de rayas a la luz de una linterna cuando todo solo estaba comenzando una noche de invierno en la que no importó nada más que aquel instante. Sintió envidia de esa mirada que ella le describió, de aquellas risas cómplices o de sus pieles que eran capaz de parar el tiempo…

‘Yo no le pude decir adiós, al menos un adiós convencional… el que todos esperamos; Y creo que fue por eso que traté de aferrarme a lo que fuera durante mucho tiempo… Tratando de entender…Quise incluso que no pasara ese tiempo, pero la realidad es que fue pasando y un día me dí cuenta que había dejado de contar los días; un día me dí cuenta de que nos estábamos desdibujando mientras entendía que cuando se quiere con toda el alma, los adioses son tan arrebatados como las propias historias, eso sí,  hechos de un silencio atronador como la peor de las tormentas. Me dí cuenta que la vida continuaba sin nosotros. Todo alrededor seguía su ritmo mientras mi corazón se había parado. Y fue entonces cuando llegó mi adiós’…

Image-1 (12)-¿Tu adiós? -le pregunta, están llegando al final y a Madrid.

‘Mi adiós, sí. Cuando uno comprende que ha llegado la hora de despedirse. Cuando ha llegado la hora de dejar marchar porque ha llegado el momento de que el otro viva la vida sin tí. Cuando ya las canciones que eran tuyas son de otra y los sitios que eran nuestros tienen nuevos propietarios’ -me contestó sonriendo.

Cogen las maletas, bajan del tren y recorren el anden en silencio hasta que la señora, ya con ambos guantes puestos, lo interrumpe para preguntarle: ‘¿Qué hay entre tus sueños y la realidad?

-Entre mis sueños y la realidad, sólo estoy yo -contesta-.  ¿Que hay entre los tuyos y la realidad?

-Seguimos estando nosotros -le contesta con otra sonrisa que ahora no está machada de tristeza.

-Pero si has dicho que le dijiste adiós -le recuerda tímidamente.

-Lo se, pero ni Dios, ni nosotros entendimos bien porqué lo hice…

Image-1 (13)‘Te tuve que decir adiós, no porque quisiera, sino porque tuve que hacerlo sin más. Me tome mi tiempo, eso sí. No quería lamentarme después. Libré la peor de las batallas conmigo misma y con la vida, pero cuando aquella noche me despedí de tí -vaya si me costó- sentí paz. Llegó el silencio. Llegó la calma. Se marchó el odio. Te solté la mano. Llegó el cariño. La realidad hacía tiempo que ya no estaba. Se instalaron los recuerdos. Creo que lo hice bien. Un último esfuerzo por tí y por mí. Me dijeron que habías decidido vivir sin mí; no me quedó más remedio que vivir sin nosotros. Cómo duele incluso escribirlo, pero es así. Te dejé marchar. Tu me dejaste marchar a mí. Llegó la hora de la vida sin nosotros. Llegó la hora de que el recuerdo de lo que fuimos se quedara instalado en un lugar que no pueden ver los ojos. Invisible a todos. Porque nadie supo tal vez cómo de grande fue nuestro amor, porque nadie, tal vez, lo sabrá. Pero eso sí te digo, estoy segura de que los sitios donde estuvimos nos recordarán por siempre y sino, ya estaremos nosotros para hacerlo mientras estemos. Y cuando ya no estemos, seguiremos estando, créeme. Te lloré, te besé como nunca lo había hecho y me acurruqué en tu pecho aquella noche del adiós en la que ya ni siquiera estabas. Me costó, pero lo hice. Lo hice por mi bien y por el tuyo, pero está claro que estábamos avocados a ser eternos porque también creo que nos ocupamos muy mucho mientras fue de que así fuera después’.

Mi querido Fernando, espero que entre tus sueños y la realidad estés acompañado algún día. Gracias por leerme durante tus noches en vela y ahora que estás tan lejos. Gracias por tus bonitas palabras. Este post es para tí y para todos los que alguna vez dejasteis de encontrarle el sentido a las cosas. Si Dios no entiende a veces porque se van, ¿cómo lo vamos a entender nosotros?

Gracias Achi por la canción, me encanta; la guardé para el post de hoy. Gracias a todos los que me seguís. Dais sentido a esta locura de hablarle al infinito. Y antes de irme deciros que yo creía que no podría vivir sin él. No era cierto, podía. Me costaba pero podía, el problema es que no quería.

Feliz jueves!

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