Silencio, una tarta de limón y viejos pasos de ballet: No es fácil encontrar la felicidad dentro de nosotros mismos, pero es imposible encontrarla en ningún otro lugar

la foto (33)En mi vida como en la vuestra no sólo estoy yo. Quizás sólo soy el centro de un entramado del que forman parte muchas otras vidas que se entrelazan con la mía y con muchas otras. Millones de historias cuyos reglones se escriben con relatos de otras, con palabras que se dijeron muy lejos de donde estoy yo, con canciones que sonaron y que yo no oí, con cosas que sucedieron y que yo nunca sabré. Y un día a la hora del té, dejas de escuchar a cinco maravillosas mujeres que suman tantos años como arrugas en su piel, mientras te preguntas por tu suerte. La suerte de quien sin saber cómo un día llegó hasta una bonita casa llamada ‘Arco de Piedra’ para unas clases de ballet con una primera figura retirada hace más de cinco décadas pero que nunca dejó de bailar en un viejo salón con el suelo de parquet y una barra de madera de caoba…

Y es la hora del té y todas hablan mientras mueven sus manos con una elegancia hipnótica y todas se ríen y cuentan viejas historias de viajes, de padres en las colonias, de piezas de piano, de amores que nunca fueron y de amores que sí llegaron, miles de anécdotas que incluso ya escuché alguna vez.  Hablan y lo hacen desde una perspectiva que me sorprende: la de quien ya ha ganado las batallas que no llegaron ni siquiera a elegir mientras yo me pregunto cuántas me quedarán a mí por librar…

Suena la Sonata al Chiaro di Luna, oigo aún las risas pese a que ya no estoy atenta… la música me está distrayendo, pero entre nota y nota escucho que una de ellas me dice con su voz de terciopelo: ‘sólo cuando seas capaz de reconocer el poder de tus sueños, serás capaz de escribir una historia mejor’… Yo, le sonrío y le doy las gracias con la mirada… Me gusta ese Moonlight de Beethoven que me recuerda a mi madre. Me recuerda que no hace tanto tiempo era como yo, que el tiempo ha volado, que una vez me regaló una cajita con música que me encantaba, que solía ponerme sus camisones y sus tacones para jugar a ser ella o que me pirraba por dormir en su cama y el olor de su almohada… pienso en cuanto me hubiera gustado una gran historia para ella o si tal vez llegó a tenerla, y es cuando recuerdo un beso en concreto; uno de hace miles de años en una habitación de muebles blancos…2

Llega una tarta de limón para una tarde de domingo entre viejas zapatillas de ballet y vidas que se alejan, otras que llegan porque esto es la vida, una especie de bella melodía que suena en un salón de alfombras persas y cuernos de marfil traídos hace mil años… Entre los ingredientes de esta receta me toca el turno de contar mis cosas y es cuando noto el asombro es sus miradas, las de todas… Sólo digo una frase y es suficiente… Solo digo una en voz alta y yo misma me doy cuenta de lo que estoy diciendo…  Ha llegado el turno del Silencio, la más elocuentes de las palabras hecha sinfonía… Porque a veces las palabras dichas en voz alta, qué tontería, son como los espejos que nos devuelven las imágenes que nunca querríamos ver…

4Y cuando ya estoy de vuelta, mientras conduzco y miro el mundo con los mismos ojos que dos horas antes, o eso creo, las notas de ese silencio siguen sonando en mi cabeza lo mismo que la frase de despedida de Gabrielle en la puerta de ese ‘Arco de Piedra’ al que ya nunca volveré: ‘La vida pasa como el viento y arrebata las pavesas que son las ilusiones y los sueños no cumplidos, dejando su huella en el pelo canoso como la blancura de la nieve, pero repleto hasta el tope de sabiduría sostenible pura y diáfana, no te olvides de vivir, pequeña Paula y sacrifícate sin esperanza de gloria ni recompensa porque si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes. Sólo así podrá cumplirse tu peculiar destino.’

Destino, silencio, que bonitas palabras que no eran suyas, lo sé… Pasamos demasiadas horas juntas leyendo en un ventanal que daba a una piscina mientras se hacían las tartas cuyos secretos ella misma me enseñaba entre un Effacé devant y un Epaule que rozara la perfección. Salones de baile pues, elegantes damas de antaño, un merengue y una casualidad.

 

1Para la crema de Limón:  Zumo de 2 limones, 150 g de azúcar, 3 huevos,125 g de mantequilla, 90 gr de Maizena (si optáis por aseguraros el tiro).

Para el merengue francés3 claras de huevo, 300 g de azúcar. Pero mitad grano normal, mitad glacé y una cucharada de azúcar vainillada.

La masa sablée esta vez era precocinada, con lo cual no hay más que extenderla y forrar un molde con ella. Pinchamos el fondo con un tenedor varias veces para que no haga burbujas. Se cubre con papel sulfurizado y se colocan los garbanzos para asegurarnos que no se mueve la masa, así le daremos resistencia cuando echemos la preparación líquida, en este caso la crema de limón para la que en una cazuela calentaremos a fuego lento el zumo y la mantequilla, lo justo para que se derrita.

En un bol, blanqueamos los huevos y el azúcar batiendo con “decisión”. En este punto podéis incorporar la harina si optáis por ello. Incorporamos la mezcla mantequilla-zumo al bol con los huevos, fuera del fuego. Se vuelve todo a volcar todo a la cazuela y se calienta a fuego moderado unos 3 minutos, sin dejar de remover. Dejamos enfriar. Enseguida espesará y hay que sacarlo del fuego por que si no, se  agarrará por la harina o cuajarse las yemas y estropearlo todo

Para el merengue, lo batiremos firme con la mitad del azúcar (en grano + azúcar vainillado) cuando ya está, no se cae si vuelcas el bol. Se incorpora la otra mitad del azúcar glacé y se sigue batiendo. El resultado debe dar una crema muy “prieta”.

Llenar el molde de masa sablée con la crema de limón y la dejamos enfriar. Vertemos después encima el merengue. Se puede hacer dibujitos con una manga pastelera y lo horneamos todo con el grill muy bajito hasta que se dore el merengue. Quien tenga puede usar un soplete de cocina.

Feliz lunes!!

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