El último post como un último capítulo ha de ser siempre el más hermoso: llegó la hora de escribir historias

1Esto de leer tanto tiene sus ventajas como por ejemplo recordar frases tan hermosas como una que dice algo así que ‘el último capitulo de un libro siempre debe ser el más hermoso’ o que los libros son como la vida, que nunca acaban del todo, aunque después uno no logre recordar dónde lo leyó. Una de las ventajas de ser escritor es saber que las palabras son de todos hasta que uno demuestra que es capaz de apoderarse de ellas -Joel Dicker- mientras la mejor de todas es poder escribir lo que se siente, tener donde hacerlo y lo mejor: tener quien te escuche.

Es por eso que hoy me vais a permitir una licencia. Hoy no hablaré de recetas de cocina, de muñecas rotas, de princesas de cuento, de pijas venidas a menos, de lugares que nunca conoceré; hoy no hablaré de cosas que ni siquiera me interesan a mí. Hoy os hablaré de mujeres extraordinarias. Mujeres únicas que tienen nombres y apellidos y que no tienen la suerte que tengo yo. Nombres que conozco y otros muchos que no se, pero que están, que sienten y que esta noche no contarán estrellas porque simplemente en sus cielos no las hay.

2Casas en ruinas, nada qué comer en el plato, salones a oscuras, agujeros en los zapatos, madres que fingen sonrisas cuando ya agotaron frases que decían ‘mañana, será otro día’; lágrimas en la almohada, lloros desesperados cuando nadie mira, ojos de niños que no tienen luz y mejillas sonrosas por la vergüenza y el disimulo constante cuando no viene el bocadillo en la mochila o esos lápices de colores que se pedían en una nota el día anterior. Madres que roban para dar de comer a sus hijos, que no tienen a nadie, que la vida les dio la espalda, que no saben que más hacer cuando ya ni siquiera los dioses consuelan.

Yo no se de quien es la culpa o si sólo hay un culpable. Yo solo se que una vez hace mucho tiempo conocí a una mujer cuyos ojos preguntaban ¿qué vamos a hacer mañana? mientras con su sonrisa besaba en la frente a uno de sus hijos. No se donde estarás ahora, pero quería que supieras que nunca he podido olvidarte y que no hay un sólo día que no piense en ti en o en ese bolso de tela con las asas de caña de bambú. Nunca olvidaré tu mirada pidiendo compasión, un poco de tregua a la vida, mientras me pregunto si es que acaso llegaste a conseguirlo aunque apuesto todo lo que tengo a que fue un sí.

3Pues en nombre de esa mujer, de todas las que pelean a diario, por todas aquellas que no saben qué pasará mañana, para las que no hay cielos con estrellas o días soleados, para las que nunca habrá un simple abrazo bajo un cielo inmenso, para las que la música ya no suena y para las que llevan a sus hijos en brazos cuando llueve para que no se les moje sus zapatitos rotos, hoy este post.

Mis bolsillos están vacíos porque también he tenido que librar mil batallas sin haber declarado ni una sola de ellas a sabiendas de que iba a perder. Aún así, el destino me tenía reservada una vida más bonita y me permitía tener voz, convertida hoy en un grito desesperado por todas vosotras. La vida también me deparó todo un ejército que sujeta cada una de las estrellas de mi enorme cielo solo para que yo pueda verlas antes de dormir. Un ejército de personas que se ocupan y se preocupan porque en mis días siempre luzca el sol, porque no falte la música mientras la luna nos mece con sus mareas.

No tengo nada que daros salvo ésto y aunque no me parece suficiente es todo cuanto poseo. Mi último post, aunque no estoy segura de que sea el más hermoso. Siempre me gustó el cuento de aquel marinero arrumbado. No se trata de un adiós sino de un simple hasta luego que puede ser todo lo largo o lo corto que la vida tenga decidido, ¿quién sabe? Llegó el final de ese viaje a mi Planeta porque después de esta búsqueda que ha durado casi seis meses ya he llegado a mi destino. Tengo que saldar una deuda: una conmigo misma y con esa mujer del bolso de tela. Olvidé que tenía que pelear por mi sueño e incluso olvide cuál era. He tardado dos estaciones en descubrir qué había perdido en este extraño camino que llaman vida; parece que las hojas muertas que dejó el otoño tenía la respuesta. Me llamo Paula y soy escritora. Llegó la hora de volver a escribir historias.

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