Un torero que se quedó pequeño, el Hotel Montelirio, la primera noche de todas y un anfitrión: José Luís Mariscal

la foto (21)Hay cosas que son muy difíciles de describir con palabras, como los sentimientos que provoca una simple melodía, el nudo en el estómago de una mirada o el sabor y una textura. Hay momentos, lugares y personas que se quedan en el alma para siempre porque simplemente son extraordinarios…, porque se quedan en la mejor estantería de las bibliotecas donde duermen los tomos de la vida…

Pues bien, erase una vez un palacio del S.XVII… un lugar único en el mundo ubicado en pleno casco antiguo de una ciudad malagueña que se llama Ronda. Un edificio levantado sobre cimientos de historia que mira directamente a la cara de un conocido desfiladero al que todos llaman El Tajo, mientras el resto baja la mirada. Y es que si algo tiene ese palacio es soberbia, la que sólo se perdona a los grandes que saben de su belleza o a los locos genios que también son conscientes de esas cualidades que los convierten en únicos…

la foto (20)Cuatro siglos en pie, un conde desdoblado, el paso del tiempo, de muchos inviernos crudos, un viejo comedor familiar hoy convertido en un salón con el nombre de una provincia andaluza, miles de atardeceres acariciando las ventanas de este palacio, amores que fueron, los que no llegaron a suceder, fiestas en la terraza, una familia con nombre de alcurnia y finalmente un grupo de empresarios y la aventura de convertirlo en lo que es hoy: el Hotel Montelirio.

Un total de quince habitaciones únicas, un baño turco, un patio andaluz, las primeras pinceladas del Neomodernismo en unas bellas vidrieras en una paleta de azul, suelos de madera, arte en las paredes, lámparas de ensueño, una cava que visitar, dos cómodos sillones frente a una chimenea, una altanera escalera a dos aguas, cariño en todos los rincones, una montera de cristal, varias culturas unidas en el diseño de esta bella aventura, miles de huéspedes, de anécdotas, de vidas que se han tocado…

Y como dicen que las cosas no pasan porque sí, mientras se rumorea que el universo suele .conspirar para propiciar momentos únicos reservados sólo a los que saben que la vida solo se construye de las pequeñas cosas, me han contado que fue precisamente la vida la que tuvo que hacer un arduo trabajo para evitar que una escritora con los ojos del color de las avellanas se adelantara a un viaje soñado: simplemente porque ese viaje no debía hacerlo ni antes ni después. la foto (23)

Fue por eso que mucho antes de que ella supiera de aquel hotel, muchos años antes, la vida también tuvo que dar más vida a otra persona para convertirlo en uno de los mejores conversadores del mundo, en una persona única, alguien de ojos azules y pelo claro, mirada vivaracha, un bello alma y cien historias diferentes que contar; muchas de ellas precisamente en una cena que tendría que esperar no sólo a ellos, sino a una bella mujer de cabellos claros, a un joven de ojos enormes y sonrisa tan limpia como el agua que discurre por el río que baña los pies de ese precioso Tajo e incluso a un loco caballero venido desde muy lejos. La vida tuvo que llevarlos y traerlos, que darles y que quitarles… la vida les dio mil vueltas, a unos más que a otros, mientras llegaba el momento exacto. El momento que estaba escrito que, como digo, no habría de ser ni antes ni después.

¿Quién se habría de imaginar en el principio de los principios que aquellas habitaciones pintadas en color azul, de techos abuhardillados, se convertirían en los testigos de aquel viaje en el que se pronunciaron las palabras tan bonitas como ‘siempre’? ¿Quién iba a imaginar que tendrían que pasar casi cuatrocientos años para que la bonita luz de una mañana que se colaba por un viejo ventanuco acariciara una delicada camisa blanca de mujer mientras alguien no dejaba de mirarla como miran las personas que quieren de veras, las personas que saben querer? Personas que sin darse cuenta acarician una mano sin parar porque saben de la importancia que tiene el tiempo… personas que besan de la manera más tonta esa misma mano porque simplemente quieren sin más… Personas que regalan una fecha en el tiempo, muchas canciones, un viaje pendiente, planes y miles de sueños…

la foto (22)La respuesta es sencilla: nadie podría imaginarlo, no. De la misma manera que nunca sabremos si el Hotel Montelirio recordará esa luz o esa canción que habla de algo más que palabras cuando pase el tiempo o si existirá el día en el que aunque otras personas no imaginen lo que allí sucedió, seguro lo intuyan…

Eso sí, de algo sí estoy segura: que fue como entre baños de espuma que se quedaron pendientes, una enorme sorpresa en una calle que podría parecer cualquiera, conversaciones hasta el amanecer, una mesa redonda para seis, dos anfitriones geniales y un vino de la región, el Hotel Montelirio ayudaba a escribir un pequeño momento que estaba destinado a suceder allí: La amistad, las risas, los delicados sabores de los carpaccios de pulpo, las ensaladas de caza, las cremas de espárrago trufado, la dorada a baja temperatura o la tarta de manzana con helado de pétalos de rosa, regadas con ese único Acinipo-Shatz, no pudieron se más perfectos en especial para esa escritora de cuentos y de historias… Para esa charlatana, a fin de cuentas, que escuchaba con atención esas historias que hablaban de un ultramarino, de una madre tan bella como los copos de la nieve cuando cae en los inviernos, de la sabiduría de una religión que desconoce como tantas otras cosas, del apego a las cosas y del intento por evitarlo, de los hijos, de la vida, de las cosas que no todos podemos ver porque simplemente no nacimos con esos ojos con los que naciste tú. Gracias José Luís Mariscal por ese paseo por las mismas nubes pintadas con trazos en el aire  tan expertos que no pueden ser de alguien que no sea tan artista como lo eres tú.

Un día llevaremos al papel tus cuentos, tus historias, tu vida para convertirlos en eternos… Un día volveremos a esa Ronda que por fin me contó el motivo por el que debía ir y por el que tenía que esperar para hacerlo. Un día hablaremos de ello, de la generosidad, de lo que estaba escrito y de lo que no…

Gracias también Pepe Ríos, por tanta amabilidad y cariño con el que nos trataste en esta aventura en la que incluso no faltaron los toreros que se quedaron pequeños ante una persona tan grande… pero esa es otra historia que nos la quedamos para contarla en este año en el que decidimos vivir peligrosamente, sin vosotros -mis amigos de última hora- sería simplemente imposible… Creo que no os podría querer más.

Hotel Montelirio

Calle Tenorio 8, 29400 Ronda, España

0034 952 873 855

http://www.hotelmontelirio.com/

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