¿Barbie, quieres casarte conmigo? Ni de coña, Ken!!

4Cuando uno lee cosas como estas es inevitable replantearse la vida y sino opinen ustedes mismos sobre el cuerpo del texto que estos días es noticia: Ojos grandes y claros, rostro ovalado e infantil, larga melena rubia y cintura de avispa. No se trata de un retrato sino de una niña de carne y hueso cuya única aspiración consiste en convertirse en una Barbie real, en una especie de autómata que en mi caso me da miedo.

Los tiempos están cambiando, no hay duda. Lejos quedan las niñas como yo o como mis amigas que simplemente jugábamos con las muñecas, convertíamos su pelo en puro estropajo cuando no terminaban con la cabeza arrancada. Nunca, creo, pretendimos parecernos a esa muñeca de plástico entre otras cuestiones y en mi caso, porque habría tenido complicado eso de parecerme a la reina de Mattel. En todo caso podría haber aspirado, ahora que lo pienso a parecerme a la Nancy o las posteriores Bratz, pero jamás creo haber podido conseguir -no digo ya tener las piernas más largas que el tronco- tener esa cara de ángel más muerto que vivo, con un eyeliner tatuado por lo menos y una nariz que por supuesto tendría que operarme y ni con esas…

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Pero en fin, como para gusto los colores, ya las niñas no quieren ser azafatas o veterianarias, quieren parecerse a la Barbie y se actrices de Hollywood con sus imágenes más parecidas a un dibujito manga que a la rubia de plástico por antonomasia que arrasan en las redes sociales, a través de las cuales aleccionan con sus tutoriales a otras chicas acerca de las claves para convertirse en muñecas vivientes.

Tutoriales, ‘make dolls’, palabras imposibles que se me quedan grandes y que me dejan los ojos como platos, teniendo en cuenta que cuando mi hijo pequeño me dijo un día que de mayor quería ser alcalde ya me pregunté en qué estaba fallando. No digo ná si es mi hija la que un día se me trasviste de Barbie y comienza a transformarse en la novia del Ken; que por cierto sería ya lo que faltaba. Tener en un futuro por yerno a un muchachote teñido de betún todo el año como si disfrutara de unas vacaciones eternas en Jamaica.

Qué sería de mí con un panorama semejante después de recordar que al Ken en mi caso ni siquiera le dejaba conducir el Barbiedescapotable rosa o la Caravana Haway porque en mis juegos era un cero a la izquierda al que solía sentar en un rincón después de despelotarlo, entendiendo que esos modelos con los que venía el marido de la Barbie le daban un look poco varonil; Era mejor tenerlo como Dios lo trajo al mundo que con los trajes que venían de fábrica y que lo convertían en un modelo de Dolce & Gabanna cuando por aquel entonces creo que esta firma ni siquiera se intuía, de la misma manera que nadie podría imaginar nunca jamás de los jamases por aquel entonces que Leo Messi llevaría uno de estos trajes tipo Ken, sin serlo ni parecerlo, en 2014.2

Pero claro, alguien como yo que paso a la historia de mi familia por ser la niña que unas navidades se pasó llorando junto a su muñeco llorón todo el tiempo que duraron las pilas para seguir llorando después porque estas se habían acabado y el muñeco ya no lloraba, tal vez no sea la más indicada para entender este tipo de cosas.

Y no os vayáis a pensar que porque el asunto está siendo tratado por alguien tan poco serio como yo es un asunto baladí; nada más lejos de la realidad: los expertos advierten de este fenómeno. Entre ellos la conocida Rosa Raich, catedrática de Psicología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), quien entre otras cuestiones hace unos días afirmaba que si transportáramos las medidas de las muñecas a la realidad el resultado sería una mujer imposible: ‘Mediría dos metros, tendría 40 centímetros de cintura, 90 de cadera y 135 de pecho, además de que casi no podría andar’

Sin embargo, nosotros pasaremos de los razonamientos de Raich. Iremos al grano, a los motivos por los que las chicas AntonioMeQuiere no podremos querer jamás parecernos a esta muñeca siendo el primero de ellos y el fundamental que tendríamos que casarnos obligatoriamente con el Ken. ¿Quién quería casarse con alguien que parece ir puesto de algún tipo de droga sintética, siempre sonriendo , con cara de usar más cremas que nosotras y de irse a dormir a las ocho de la tarde para estar descansado a la mañana siguiente? ¿Qué sería de nuestras vidas sin alguien imperfecto a nuestro lado al que le guste salir con sus amigos, echar alguna mentirijilla que otra, ver el fútbol en un bar, escaquearse de la compra, hacer pis detrás de un seto y sobre todo que sepa beber cerveza de una lata?

1¿Quien querría no poder comerse un brownie de chocolate, tener un cuello tan delgado que no sea capaz de soportar el peso de nuestros talentosos cerebros, tener que estar maquillada todo el día y mantener la sonrisa perpetua cuando Ken nos llame para decir que llega tarde o lo que es peor, que llegue tarde sin ni siquiera llamar… O lo que es peor, pero más peor aún, tener que seguir sonriendo cuando Ken ni siquiera conteste al teléfono cuando se ha enrollado por ahí y no piensa llegar a una hora prudente?

Yo creo que estoy a salvo, ni soy perfecta ni quiero serlo. Esa pretensión debe ser realmente agotadora. Feliz Miércoles!

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