To me you are perfect, eso sí: sitúate en el ‘fringe comfort’ y date por muerta

Tu déjate los pelos de las piernas crecer y repasamos esto del true love y el never ends

¿Qué ocurre cuando una bloguertown como yo se gira porque algo llama su atención? ¿Qué creéis que pasa cuando pretendes mirar algo por simple curiosidad y de repente se te van los ojos, sin querer queriendo, al trasero de la persona que hay en la mesa de al lado porque algo inquietante dice: ‘mírame, mírame, mírame y cuando pares de mirarme, tírame una moneda de un euro a ver si estas de suerte y la cuelas?

Inquietante, mucho… lo se… Más cuando lejos de tirar la moneda de un euro -he de reconocer que yo misma comenté que sería de veinte céntimos, que mira que estamos en crisis- al mirar hacia el otro lado me encontré con el bloguero acabado incipiente políglota e internacional, que no es que estuviera allí por casualidad, es que estaba comiendo conmigo en la firma de una tregua 3.0 que quedó pospuesta por este asunto.

Y es que si intercambiar opiniones entre personas de distinto sexo ya puede resultar agotador respecto de cualquier tema, no se podrán imaginar lo que fue el expediente hucha entre una bloguera y un pseudobloguero que en este caso se apuntó un tanto después de pronunciar la frase que da título a este post de viernes: ‘esto no es Paula un asunto de postparto, es un asunto de fringe comfort…’

Ehhh? Ahhhh? Fringe confort? (cara de me lo se cuando no tengo ni idea de qué es lo que significa) ‘Of course’, contestación mientras aquí la escribiente siguió comiendo cuando en realidad había dicho que ya no me cabía nada más llegados a los postres y terminé rebañando el plato, pobre de mí sin saber que me estaba comportando como si estuviera en la meta de salida de ese trayecto al que él mismo acaba de hacer referencia minutos antes. Pero claro, mi posición en salida del corredor hacia mi propia hucha terminó en el momento en qué llegué a casa y puse la frase en el google translate…

A veces se paran los corazones masculinos, pero es de miedo

A veces se paran los corazones masculinos, pero es de miedo

Y claro, como él de momento por más que amenaza no tiene donde escribir -conserva su empresa seria- y yo sí, le robo la frase que no se vayan a creer…, que lo que pasa es que suena genial en ingles, super, muy cool, pero para que nos entendamos y aunque la traducción no es literal, si no hubiera hurtado esa expresión este post se habría llamado simple y llanamente: La confianza qué asco da… Y en este caso, para variar, el tirón de orejas es para nosotras, mi género, el femenino.

Dicho ésto y si bien la confianza es uno de los pilares de cualquier tipo de relación, más si es la de pareja, por alguna extraña razón y un día sin que te des cuenta, van sucediendo extraños acontecimientos que cuando los unes, los atas, te paras a pensar, uno ya no ve a aquella mujer de sus sueños, aquella que parecía que llevaba un ventilador incorporado que le movía la melena mientras andaba, aquella que siempre sonreía… no ya no está ella, ha llegado alguien que podría bien llamarse Manolo o Paco, da igual… ¿Por qué les pasa ésto a las mujeres en un porcentaje tan alto que los hombres nos están cogiendo miedo? Yo no tengo ni idea, pero una cosa está clara: los vaqueros a la cadera no se pueden llevar cuando te están pequeños porque enseñas medio culo cuando te sientas y es muy desagradable de ver.

Así y en el marco de esta intención de tregua con el bloguero en ciernes hago mías sus quejas en una clara excepción a ese eterno ‘nunca estaremos de acuerdo en nada’ porque en este caso y por más que me duela, el bloguero acabado antes de siquiera empezar por mucho inglés que sepa tiene razón en las cosas que nunca, nunca -pero never de never- tenemos que hacer las mujeres si no queremos encontrarnos una mañana con que nos han sometido a un Plan Renove porque hemos matado tanto el romanticismo como el deseo sexual.

No dejes de serlo o al menos podrías intentarlo... es tan fácil!

No dejes de serlo o al menos podrías intentarlo… es tan fácil!

Las claves para no instalarse en el fringe comfort

Los pelos que antes no estaban, que no estén. No es lo mismo para un hombre acariciar unas piernas suaves que parecer que están tocando las piernas de su mejor amigo. Los pelos no son sexys, es una de las verdades de la vida.

Adiós al dolor de cabeza y si no miren los datos serios y formales que sabéis que manejo: Si bien el 86% de las mujeres se aburren en la cama con sus maridos, hay que tener en cuenta que aunque nadie lo dice, ellos se aburren más. Sólo una cuestión de testosterona es lo que provoca que ellos ganen el pulso a la desidia. Los dolores de cabeza creedme que ya no son de titularidad femenina y ayudar un poco a que nos sigan viendo guapas es un arma importante a la hora de que los nudos que hicimos en su momento en sus lindos cuellos no se desaten.

Ir al baño con la puerta abierta. Jamás. Se puede una dar un baño de espuma con la puerta abierta, untarse crema en las piernas depiladas, según hemos establecido en el punto uno, secarse el pelo, maquillarse o incluso pesarse en la báscula. Lo escatológico está terminantemente prohibido. Es la puñalada más directa que se le puede dar al romanticismo.

Mantener la figura a raya en la medida en que sea posible. Este punto es bastante delicado. Así es que empezaré diciendo que para mí la curva es bella, muy bella, pero no olvidéis que los mazapanes engordan, que las trufas se pegan al riñón y que una curva es una curva y no una lorza. Dicho ésto, insistir en que los hombres, pese a lo que se diga, se suelen enamorar más de una cara bonita que de un cuerpo; es decir, perdonan más que nosotras pero no demos gatos por liebre, esta feo… Si nos conocieron de una manera es justo que sigamos siendo algo por el estilo. No está de moda y ni siquiera es ya de buena educación recurrir a los embarazos como arma arrojadiza en defensa de los kilos que se nos han pegado a la espalda. Se nos acabó esa excusa cuando Heidi Klum se convirtió en madre.

El pelo. ¡Qué importante! Vamos a ver… es uno de los puntos cruciales y de los más sencillos. Si no puedo mantener mi rubio, me lo dejo de mi color… si no me favorece el caoba porque además se le nota mucho la suciedad, pues me lo dejo de mi color… si no brilla me lo lavo, si tengo raíces me las tapo y si empiezo a perecer Cruela de Vil me tiño. Así de simple.

Adiós al chándal. Esta prenda queda reducida a los momentos deportivos. ¿Se puede saber qué sentido tiene ponerse un chándal cuando uno no va a hacer deporte? Pues si a este punto le unes la violación de las recomendaciones 1, 2, 3, 4 ya puedes ir diciendo adiós. Estás abocada a convertirte en una huésped de la franja denominada ‘la confianza qué asco da’.

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Queridas mías, el amor es ciego pero no olvidéis que esa ceguera es algo temporal.

Feliz Viernes!

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