La repesca: Una nueva generación de mamarrachos anda suelta, be careful

 2Para que os hagáis una idea de lo que es la repesca, os diré que es esa situación en la que se encuentran numerosos hombres y mujeres entre una franja de edad que puede ir, según mis investigaciones desde los 38 (cumplidos) a los 50 años; una situación en la que lo mejor de cada casa en el caso de las féminas se encuentra en un nuevo intento de rehacer sus vidas, mientras los que han sido echados a patadas de sus casas -bien por sus madres o por sus esposas- intentan hacer creer a esas féminas que también tienen el mismo objetivo cuando en realidad es otro: el apareamiento.

 Se trata de una situación sumamente compleja de la que ya iremos hablando en las próximas semanas. Sin embargo hoy hablaremos de esos solteros newage acabados mamarrachos que al final dan un asco que te cagas… Porque mira que leer acerca de las bacterias mutantes inmunes a los antibióticos da congoja, pero es que haber descubierto a este tipo de solteros va más allá de esa congoja hasta el acojone que suena parecido pero no es lo mismo.

Conocer a uno de estos mamarrachos es como llegar a un chino y ver un jersey de lentejuelas barato, barato, barato; Un jersey que te mola, que te mola más que nada en el mundo; que te compras rezando para que ninguna amiga se de cuenta que es del chino, porque en realidad no lo parece y porque dirás que es de Hermés, amén de que nadie se podrá imaginar que entras en esas tiendas simplemente porque no te pega.

5Conocerlos es hacer todo eso y sumarle ir a una fiesta, estrenar el jersey, rezar lo de antes y además hacer plegarias porque no te encuentres a otra como tú y que descubra el pastel. Conocerlo más a fondo es llegar al momento en que cuando estás siendo la reina de la reunión, alguien te dice: ‘nena, ay que ver como están las casas de moda. Ya no son lo que eran… no te preocupes mi reina, que lo llevas y te lo descambian fijo’; frase antesala de mirarte el jersey de las narices y descubrir que se ha ido la costura de la manga cuando de las lentejuelas no queda ni rastro…

Un drama, lo sé… por eso decreto la alerta máxima para evitar caer en las redes de estos tíos con la autoridad moral que me da ser una bloguertown… Tras haberlos detectado no nos queda más remedio que quemar aquellos manuales maravillosos que hablaban de cómo huir de un síndrome de Peter Pan… eso es un cafelito con leche comparado con el tema que hoy tenemos entre manos…3

Así es que queridas mías, atusaros las faldas y colocaros las diademas de brillantes que esta gentuza no es que beba cerveza en lata o te digan las diez mentiras masculinas que ya nos sabemos todas (tenía una reunión, te quiero tanto que no puedo seguir con lo nuestro, bla, bla, bla)… No, es otra dimensión: se trata de tíos guapos a reventar, seguros de sí mismo, extrovertidos en exceso, uno de esos a los que cuando miras la niña que hay en tí no deja de saltar de alegría por estar con alguien así de maravillosos (pobre niña tonta); tíos que impresionan hasta que descubres que sólo se saben tres palabras del tipo quid pro quo, cualquier forma de uso del término empatía o cualquier otra anglosajona aplicada al alto mercado del business como fitback. Palabras que emplean sin cesar con aires increiblemente masculinos que te emborrachan más que seis Heineken en el Reinaldo; tíos que se hacen los importantes cuando llaman reunión a un café con cualquier otro acabado como él…

6Y aquí viene la cuestión y el peligro de esta gentuza: ¿Por qué no nos damos cuenta de que son unos incultos charlatanes que están hartos de rodar por el mundo, porque además debajo de esa ropa tres tallas más pequeña que la que les corresponde están vestidos de puro egoísmo? Pues porque se buscan a la víctima perfecta, porque aunque son tontos, son intuitivos. Son depredadores. Por eso simplemente. Estos narcisistas patológicos, que nutren sus inseguridades a costa del brillo de la mujer que llevan al lado, son difíciles de intuir a tiempo. Cuando nos damos cuenta de que son unos patanes que no saben ni colocar las palabras antes mencionadas en el contexto apropiado, suele ser demasiado tarde.

Pero claro, hay dos cosas positivas en este asunto: existe antídoto -una patada en las pe**tas- y que mientras estás con ellos puedes dejar de depilarte el bigote porque ninguna cabrona se dará cuenta de que vas sin depilar. Solo habrá ojos para ellos!

Dicho ésto y en el marco de este primer capítulo acerca de la repesca, un consejo: Cuando conozcáis a un hombre preguntaros siempre, siempre y siempre el motivo porqué alguien tan maravilloso sigue suelto.

También, un rayo de esperanza. Existen hombres, os doy mi palabra, que aún se visten por los pies y lo más importante, conocen el poema de Víctor Hugo: ‘Te deseo’. Y precisamente para estos tipos  maravillosos y únicos, no para los mamarrachos que no saben ni traducir, ahí va:

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