Calabacines para curar el alma, un extraño gurú y siete camisas blancas…

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Hoy os contaré sólo unas pocas de  las 83 verdades absolutas que conozco. Una es que no siempre puede ser un gran día, es por eso que después de haber padecido ese tipo de días a los que calificas de ‘los he tenido mejores’ me creo con la autoridad que me otorga dicha circunstancia de asegurar que no hay mejor remedio que una crema de calabacines para cambiar el rumbo de esos días…

Y mientras cocinamos esa crema os contaré cómo un día, hace mucho tiempo… pero mucho, mucho me encontré por casualidad con un señor apuesto; apuesto de veras. Creo que fue en un mes de diciembre, uno no muy distinto a éste, simplemente fue otro. Creo recordar que era de noche y que llovía cuando al darme la vuelta en un lugar cualquiera vi que su camisa blanca estaba manchada. Era una mancha de color rojo sangre. Miré su camisa, miré la mancha y al levantar la mirada me encontré con sus ojos y sentí vergüenza por mi descaro. Un rubor que duró un segundo. No tuve más tiempo…

Aquel hombre, que decía tener un ojo más grande que otro, bajó la mirada hasta la mancha y tras sonreir me dijo: un hombre que se precie ha de tener siete camisas blancas, me quedan seis.

12 (1)Después de aquello nos volvimos a encontrar, no se cuanto tiempo pasó ni cómo, pero lo cierto es que en el mismo lugar que la primera vez y también en un mes de diciembre volvía a toparme con otra camisa blanca, esta era de un algodón que nace en el Delta del Nilo y que lleva el nombre de una de las pirámides. Un algodón que convertía aquella camisa simplemente en perfecta. Pero en esa camisa también había una mancha que yo diría que era de carmín y de alguna lágrima derramada por alguna mujer que en realidad trató de no llorar. No me preguntéis como lo sé, porque la realidad es que lo se sin más.

Ni siquiera me hizo falta esta segunda vez levantar los ojos para comprobar que se trataba de aquel hombre. Cuando me quise dar cuenta ya me había dicho al oído ‘aún me quedan otras cinco’ dejando mis sentidos impregnados de su cálida voz y un perfume hecho exactamente para alguien como él.

Nunca volví a verle, pero he soñado con él muchas veces y en mis sueños me ha contado muchas cosas que no olvidaré acerca de la suerte, de la vida, del honor, del compromiso, de la responsabilidad, del amor, de lo que deseas, de lo que se consigue, de besos tan grandes como el universo, de los últimos que se dan y de los que se quedan ahogados en las gargantas. Me habla de estas cosas y de muchas más incluso cuando calla a propósito.

la foto (3)La última vez que vino a visitarme entre sueños yo creí que sería la última, por eso recuerdo que aún dormida luché por no despertarme; algo inevitable como casi todo. Aquel día hablamos de la fragilidad de las cosas que más importan en la vida, de las renuncias que hay que hacer algunas veces e incluso bromeamos acerca de los auras y los gurus, porque el señor de las camisas blancas además de exquisito era un ladrón de las más auténticas sonrisas.

Aquella noche le conté que me había cortado con dos copas de vino consumidas, será que al descubrir que no soy tan fuerte como aparento me sacó de la cama en pijama, me puso una gruesa chaqueta de lana y me llevó a ver a las estrellas en un picnic improvisado en una playa que se que existe en alguna parte no muy lejos de aquí. Un día de estos, por cierto, prometo que iré a comprobar si mis sospechas son ciertas y ese lugar existe de veras.

Y antes de seguir con la crema que cura las almas y por si ese señor de las camisas blancas esta leyendo este post, algo del todo improbable, decirle que aún le espero en mis sueños; se me olvidó darte las gracias por regalarme cosas que importan, cosas que otros no ven, porque los ojos no mienten y porque nada está escrito, o tal vez sí… quién sabe?

la foto (6)Ingredientes:

  • Cuatro o cinco patatas, depende de la espesura que se prefiera en las cremas.

  • Cuatro calabacines medianos

  • Nata líquida, 100 ml

  • Sal fina

  • Tres quesitos

Preparación:

Poner el agua a hervir en una olla. Una vez que rompa a hervir, se añaden las patatas y el calabacín troceado junto con la sal, cuya cantidad dejamos a la elección del que vaya a confección de esta rica crema. Cuando ya están cocidas las patatas y el calabacín y los quesitos, para triturar todo a continuación con una batidora.

Feliz martes!!

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