Vivamos peligrosamente: comamos, recemos y amemos

la foto (15)Quedan exactamente cinco días para que las doce uvas de la suerte pongan fin a este 2013. Inevitable echar la vista atrás, hacer extraños balances y mirar con sorpresa todas esas cosas inesperadas de última hora que hacen que, entre otras cuestiones, pases largos ratos sonriendo a la pantalla del móvil con cara de tonta.

Inevitable el momento de las felicitaciones, los buenos deseos, las añoranzas, algunas llamadas que otras y una felicitación que decía: Feliz Navidad y que el 2014 sea el año en que vivimos peligrosamente.

El año en que vivimos peligrosamente… Gracias Ignacio Crespo porque después de leerlo pensé que exactamente pusiste las palabras que yo no habría encontrado sin ti, tal vez porque en el fondo intuyes qué es lo que quiero cuando mi mayor acto de rebeldía fue tatuarme dos estrellas en mi muñeca izquierda, bañarme en ropa interior con mis amigas en la playa una noche de invierno o crear un blog en el que escribir porque no es lo que necesito, es parte de lo que soy.

la foto (12)Si quieres llegar al castillo, tienes que cruzar el foso

Y en este momento en el que quedan cinco días para que acabe un año en el que terminé mi primera novela una noche de abril para después hacer mi mayor apuesta, perdí con osadía, hice un mal matrimonio con una editorial de la que me divorciaré el próximo 16 de enero, pegué una patada a la vida, lloré como una niña para comenzar a comportarme como una mujer, busque mi rumbó en una carta náutica del Estrecho y me encontré con una sonrisa, creo que no existe mejor manera de sanar que volviendo a confiar, porque un corazón roto no es más que la señal de que intentaste algo.

Por eso se que ese deseo de mi amigo Ignacio no se refiere a vivir peligrosamente en el sentido literal: consiste en pelear por los sueños, en seguir intentando, en seguir equivocándonos, en cruzar los fosos que hagan falta para alcanzar el castillo…

Por mi parte, cuenta con ello. Este 2014 será ese año en el que vivimos peligrosamente y estoy tan segura de ello, que yo ya empecé a hacerlo hace más de un mes… ya sabéis que la paciencia no es mi fuerte. Será por eso que me crucé el foso sin pensar lo que había bajo esas aguas… las crucé y llegué a mi castillo a la una en punto tal y como me dijeron, y lo que había tras la puerta no defraudó: un viaje de ida y vuelta, la subida por una escalinata de piedra, una ensalada con fresas, un millón de regalos, una tarta de chocolate, trufas de varios sabores, un panettone, una biblia que tenía un sabor muy dulce y una pulsera con la que até mis sueños a mi mano izquierda.

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Aunque intuyo cómo acabará ese año que aún no ha empezado, decido seguir tu consejo porque vivir peligrosamente, tal y como se titula una gran novela, consiste en comer, amar y rezar; en saber que muchas veces perder el equilibrio por amor es parte de vivir una vida con equilibrio así como que éste consiste en no permitir que te quieran menos de lo que quieres tú.

Vivamos peligrosamente pues, cuando ya he decidido que mi palabra será la misma que la de la protagonista de la novela de Elisabeth Gilbert: attraversiamo, que significa ‘crucemos’. Hagamoslo porque de lo contrario nunca sabremos qué es lo que había dentro de los castillos en el aire. 

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