Un antiguo olmo, risas con olor a café, granos de arena y viejos relojes… ¿Hacemos arroz con leche?

A veces sólo hay que sentarse a esperar que solo cambie nuestra manera de ver el mundo

A veces sólo hay que sentarse a esperar que solo cambie nuestra manera de ver el mundo

A veces, sólo a veces, recuerdo más o menos con que intención nació AntonioMeQuiere: una marca de ropa sport veraniega y de cestos de palma pintados que llenaron mi tiempo no hace tantos meses. Mucho han cambiado las cosas desde entonces -el blog, la marca que sigue adelante, los diseños, los colores y por supuesto yo misma-. Mucho ha pasado desde que Antonio me quisiera, más desde que yo lo quisiera a él, no tanto desde que decidí no partir la marca por la mitad con una flecha envenenada y me parece que prácticamente nada desde que terminara este verano diferente y el otoño comenzara a andar…

Dicen que en un pueblo perdido de Afganistán hay un olmo muy viejo al que si le pides un deseo con todo el alma te lo concede advirtiéndote primero de su favorable decisión haciendo caer sobre la palma de la mano un total de diez bellas hojas. Yo, como comprenderéis, no fui a buscar ese olmo; pero una mañana, sin darme cuenta, ahí estaban las diez hojas.

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el amor…

Ese día, que parece que fue hace mil años, no sabía que eran ni porqué estaban dentro de mi mano. quizás fue por pura casualidad que me las metí en uno de mis bolsillos. Así y haciéndoles  un hueco para que cupiesen, deje fuera una guerra perdida. Al día siguiente en la palma de mi mano encontré otras diez hojas y al día siguiente, otras diez… Y así fue como no hace tanto tiempo descubrí la historia del olmo, que en mis bolsillos no había mas que un puñado de bellas hojas y que el tiempo había hecho lo suyo…

En ese preciso momento también me di cuenta de que mis ojos volvían a mirar como los de una niña, sentí cada uno de los besos que mi madre me había dado en aquellos días, noté en mi espalda la calidez de la voz de mi padre y me sentí colmada de algo que llaman paciencia, rubricada en este caso por muchos nombres que conozco bien…

Miré mis rodillas y supe que estaban intactas también; miré a mi alrededor y me gustó lo que vi; recordé tantas cosas que había olvidado en algún rincón de un lugar del que ya no me acuerdo…; sonó una canción que me llevó a unas letras escondidas dentro de lo que hoy no es más que una hazaña aún por concluir: Era el sonido de unas teclas de un piano que componen una bella melodía que habla de gente que yo no he conocido más que en mis propios sueños, pero también hablan de mí…

Atentos pues!!

Atentos pues!!

Y todo ésto sucedió en un pequeño instante. El instante donde el último grano de la arena de un viejo reloj estaba a punto de caer. La vida que es muy lista, al verme sentada en el borde de mi cama, mirando con otros ojos las palmas de mis manos abiertas para observar con incredulidad lo que había en su interior, decidió coger al vuelo ese pequeño grano para darme tiempo. Creo que pensó que me lo había ganado. Comenzamos a estar de acuerdo.

Ese día, la vida me contó al oído que no soy la única muñeca casi a punto de romperse que sólo disponía de un grano de arena. También me dijo que a veces sin querer ocurre que ese pequeño granito se escurre entre sus manos precipitando su caída sin que ya se pueda hacer nada para evitarlo. Me advirtió que el tiempo es solo eso: tiempo. Un extraño que en cualquier momento pega un traspiés y cambia el ritmo. Ese día, la vida me levantó la barbilla para que la mirara de frente, me dio un tibió beso y me deseo suerte…

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Gracias a todos los que formáis parte de mi vida. Gracias por estos días que no quiero que terminen nunca, gracias por estos secretos que ahora llenan mis bolsillos donde las hojas hace días que no están pues las cambié por deseos cumplidos: amigos, charlas hasta el amanecer, miradas cómplices, tiempos compartidos, risas con olor a café, lealtades infranqueables y esos te echo de menos que vienen desde un lugar de donde viene el Levante. ¿Queréis hacer un arroz con leche con esta charlatana contadora de historias? Hoy esta receta es para todos los que no creéis aún en esas diez hojas, en los viejos relojes y en las sorpresas que están por llegar! Os debo una fiesta, un viaje a París, un libro y esos planes de boda de los que ya os hablé hace unas semanas!

Receta de Arroz con Leche

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Arroz con Leche

1 litro de leche, 200 gramos de arroz de grano redondo (casi un vaso de tubo lleno), 125 gramos de azúca, 25 gramos de mantequilla, 2 ramas de canela (del tamaño del dedo índice más o menos), la cáscara de un limón, Canela en polvo opcional

Elaboración:

Mientras se calienta la leche vamos a lavar el arroz bajo el grifo. Pon en un colador el arroz y ponlo bajo el grifo. Debajo del colador pon un cacharro que vaya recogiendo el agua que escurre del arroz. En el cacharro podremos ver que el agua que va cayendo tiene un color blancuzco (el almidón del arroz). Cuando empiece a salir clara cierra el grifo y deja que escurra bien el arroz.

Una vez que hierva la leche, añadimos el arroz bien escurrido y removemos bien. Ponemos el fuego a una temperatura medio baja y dejamos que se vaya haciendo el arroz durante 50-60 minutos. Hay que ir removiendo de vez en cuando, con más frecuencia a medida que el arroz se va hinchando con la leche, y vigilando atentamente durante los últimos minutos o se pegará y quemará el arroz del fondo. Cuando lleve 50 minutos prueba el arroz, si está hecho tienes que ver cuanta leche queda en la olla. Ten en cuenta que si apartamos el arroz todavía absorberá algo de leche, así que si queda demasiada leche deja los 10 minutos que quedan o un poco más y retira cuando a penas quede leche. Fuera del fuego, retira la cáscara del limón y las ramas de canela. Añade 25 gramos de mantequilla en cuadraditos al arroz con leche y remueve bien hasta que se funda y se integre con el arroz. Deja reposar durante cinco minutos y reparte en cuatro recipientes. Espolvorea con canela al gusto y decora, si quieres, con un poco de la cáscara de limón.

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