Los primeros aromas navideños, un cuento pendiente y el poder de lo más simple

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Menos casi siempre termina resultando ser mas

Lo confieso: me gusta la Navidad. Me gustan las luces, el olor a invierno y a castañas, el vaho cuando respiras; será que también me encanta mi familia, los árboles decorados, abrir regalos y poner cara de grata sorpresa aunque no haya sido tan grata. Adoro tener una excusa más para estar con mis amigos, comer las uvas y emocionarme sin tener claro el motivo. Me encanta recordar mis Navidades cuando éramos pequeños e incluso me gusta recordar a los que echo de menos porque ya no están. Pero sobre todas esas cosas, lo mejor son las sonrisas de mis padres mientras abrimos sus regalos el día de Noche Buena.

La Navidad, al menos en mi caso, también es un tiempo de costumbres: la del mantel de hilo con las firmas bordadas de todos los que han pasado por esa mesa a lo largo de los años, la de las compras de última hora, la del pollo relleno con salsa de verduritas, la del puding de queso, los troncos de mi tía Ascensión, las copitas del medio día de Noche Buena y Fin de Año, el sonido de los niños de San Ildefonso el día de la Lotería como ruido de fondo en cualquier lugar dónde estés ese día, el deseo de que el año siguiente sea tan bueno como el anterior y muchas otras miles de cosas que el calendario me acercan ya con alguna prisa que otra.

la foto(1)Así y entre esas miles de cosas, un correo ayer por la mañana de mi querida Marta Solís, Directora de las Relaciones Publicas del Kempinski Hotel Bahía Estepona, anunciando la celebración del tradicional mercadillo de Navidad en este maravilloso recinto hotelero en Estepona, daba mi particular e interno pistoletazo de salida a todas esas cosas que solo pasan en Navidad y que en este caso se celebrará los días siete y ocho de diciembre.

Atentos por si llega un deseo en forma de regalo

Las pequeñas cosas envueltas en papel de regalo

Año tras año, el ambiente no puede ser más acogedor; los productos a la venta por parte de las diferentes asociaciones benéficas de la localidad, más tentadores a la par que solidarios. Desde aquí os animo a todos a que no faltéis a una de mis citas favoritas cada año y que, aunque en esta ocasión mi querida Marta no podré ir por motivos, que ya te contaré personalmente, amenazo con ir a verte en otro momento para una de esas meriendas que sólo sabe dar el Kempinski y en las que no puede haber una mejor anfitriona que tú. No me perdería por nada del mundo ni los dulces, ni los productos alemanes traídos para la ocasión y mucho menos el ‘Glühwein’ que tu me descubriste para una tarde de invierno en uno de los lugares más bellos del mundo.

Ocasión única no solo para ser solidarios, sino para disfrutar de una velada en un hotel ubicado en un enclave muy especial a orillas del Mediterráneo. Un lugar desde donde mirar ese trozo de mar que durante años fue el telón de fondo de mi propia vida y de los que yo más quiero. Por cierto, una vida en cuyo guión no cambiaría ni una sola coma.

Los deseos pueden tener aspecto de ser muy simples... no siempre es lo que parece

Los deseos pueden tener aspecto de ser muy simples… no siempre es lo que parece

Y no olvidéis que casi siempre menos es más, que la vida esta llena de personas que vienen y van, que hay que estar atentos para que cuando las vidas se toquen sintamos esa caricia porque a veces solo duran un instante y que solo debemos contar las batallas ganadas; las que se perdieron ni se recuerdan ni dejan muescas en la pared.

Te debo un cuento de un valiente y una cobarde, de besos que no se dieron, de vientos de Levante y de bellos delfines…

Feliz sábado!!

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