¿Han dejado paso las mujeres florero a los hombres simplemente gilipollas?

By paula puerta

By paula puerta

Si hoy tuviera una agenda en la que anotar las tareas pendientes para este sábado, sin duda alguna la primera sería: agradecer, agradecer y agradecer a las muchas personas que a diario me mandan mails que en su mayoría me hacen reír a carcajadas. Mails breves, curiosos, originales y también extensos. Inusuales cartas en las que me sugieren temas a tratar e incluso donde me piden opinión sobre las más variadas cuestiones; un asunto, este último, que no deja de causarme cierto sonrojo y sorpresa.

No obstante, y aunque los que me seguís ya sabéis que tengo por costumbre contestar a cada uno de esos mails personalmente, hoy quiero dedicar este post a Jaime, un seguidor divertido donde los haya, fiel, crítico a veces, generoso por costumbre y a quien le prometo un café un día de éstos.

Tentadora merienda o desayuno con uno de esos treinteañeros guapos, simpáticos, inteligentes y pequeños gentlemans que por un anómalo motivo las chicas que forman parte de ese extraño universo compuesto por barbies complementos atraídas por metrosexuales, se acuestan con estos segundos para llorar sobre el hombro de tipos como el primero.

Llevamos un mes a vueltas con el asunto, en un intercambio de mails en el que el flujo de consejos y disertaciones acerca de los mismos ha sido incesante. Por mi parte y mientras Jaime miraba embelesado a una de esas chicas en particular, cuyo nombre es curiosamente Julieta, le  he aconsejado primero un cambio de prototipo femenino, para después sugerirle una retirada de ese hombro que siempre termina manchado con restos de rimel (para más inri waterproof),  para finalmente y con desesperación indicarle como única salida el paso al bando metrosexual.

Jaime, lejos de aceptar ninguno de mis consejos, prefiere seguir en ese territorio ‘amigo’ a la espera de que un milagro haga que Julieta descubra que jamás, jamás de los jamases, nunca jamás, nadie que se quiere a sí mismo y profesa la religión del ‘yo, me, mi, conmigo’ podrá hacer feliz a absolutamente a nadie que no sea a sí mismo.

image¿Han dejado paso las mujeres florero a los hombres simplemente gilipollas?

La respuesta es un sí rotundo. Parece que ya no son tiempos para aquellas mujeres denominadas ‘florero’ que parecían tenerlo todo cuando en realidad no poseían más que una bella cabellera en el mejor de los casos o unas eternas piernas infinitas; ahora, según me cuentan, estas mujeres ya no son tan habituales tal vez exterminadas por un biotipo masculino que deja la hombría en las taquillas de cualquier gimnasio mientras se peina un tupé que me resulta de lo más inapropiado en la mayoría de los casos. Hombres que se untan en aceite antes de salir a hacer footing a pecho descubierto, borrando de un plumazo un slogan histórico: Just do it, reemplazándolo por un look me, please!

Si me estás leyendo, querida Julieta -apuesto a que lo harás- yo te pregunto acerca de qué es lo que pretendes esperar de alguien que usa más cremas que tú, que te olvida en un rincón de cualquier lugar mientras comprueba el índice de interés que genera a su alrededor, miente compulsivamente si su estado de frivolidad, que no de bienestar, se ve en peligro y no duda en cambiarte como si de un cromo se tratara. Mejor, no me lo digas a mí; tal vez, lo más adecuado es que te lo digas a tí misma, que seas honesta y que en otro ejercicio de honestidad propia te preguntes el motivo por el que siempre acabas en brazos de alguien que no merece la pena y te hace sufrir.

Mi querida Julieta, decirte también , que no es que te vayas a creer que Jaime te quiere poner un anillo en el dedo mientras se hinca de rodillas en una calle romántica del centro de la ciudad donde vivís; para serte franca él quiere lo mismo que quieren todos a los treinta de entrada, con una diferencia: que ese todo siempre será mejor, más divertido, más auténtico, y tal vez con una posibilidad de mayor recorrido.

Para terminar y segura de que un día tu Julieta caerá rendida a tus brazos, mi estimado Jaime decirte que, pese a todo, los dos sabemos que este tipo de chicas no son víctimas de los biotipos, sino de sus desmesurados egos, de una tontería innata y de unas expectativas erróneas. Yo que tú lo que haría sería esperar porque un día -y óyeme bien- llegará esa persona que desde luego no se llama Julieta y que ahora está en alguna parte de este extraño universo deseando lo mismo que deseas tú.

Te dejo con un último pensamiento: desde que el sexo se volvió fácil de conseguir, el amor se convirtió en algo difícil de encontrar! ;))

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario