¿Cómo sobrevivir a las cenas de Navidad?: No acudiendo

Las fiestas

Así de simple. Me habéis pedido opinión y aquí la tenéis. Llega la hora de las comidas copiosas regadas con vinos y copas con los compañeros. Lo peor, también con los jefes. En teoría una cena de Navidad no tendría porqué ser más que una extensión de la jornada laboral en un escenario distinto, pero eso es teoría. La práctica es que finalmente se trata del derribo del muro de contención anual que puede desatar , si no se toman una serie de precauciones –que, por cierto, se tornan en la mayoría de los casos en falsos propósitos- en exaltaciones de amistad horrorosas, en evidencias acalladas durante un año y especialmente en descarga de tensiones acumuladas, algunas sexuales…

1. Hay que acudir: A pesar de que lo mejor para asegurarse la supervivencia es no acudiendo, lo cierto es que  no es recomendable excusarse este día ya que un ‘no puedo’ se interpreta inevitablemente en un gesto que podría ir desde una falta de interés por la mano que te da de comer hasta un indicio de prepotencia.

2. Beber con moderación: Esta es mi recomendación favorita. Beber con moderación, beber con moderación, beber con moderación… ¡Ay mi madre el rídiculo que hice anoche! Es finalmente, en muchos casos, lo que uno termina diciéndose frente al espejo a la mañana siguiente si no lo has pronunciado ya en la cama al descubrir alguna cara conocida al lado.

3. Fotos NO: ¡Nada de fotos, por Dios! Y no olvidéis que este consejo es la extensión del anterior, es decir: fotos no, en general pero si bebes sin moderación: fotos ni de coña si quieres conservar la reputación.

 4. Vestir correctamente: Aunque nos dejemos las corbatas y los trajes en casa, o bien esa parte del armario en el caso de las chicas que solo se usa para ir a la oficina, mamarrachadas las mínimas. Se trata sólo de un salto de la indumentaria seria a la casual. Ni más ni menos, porque aunque ya en este punto cuarto hemos bebido hasta perder el conocimiento, le hemos tirado los trastos a todo lo que se menea y nos hemos pasado por el forro los tres primeros consejos de Paula Puerta, siempre al menos podrán decir que íbamos bien vestidos.

4. No aislarse: Importante para aquellos que no logran salir de la introversión y a quienes les cuesta entablar conversación incluso con sus colegas de profesión. Para ellos es importante buscar en la mesa a esos pequeños aliados que suelen llevar el protagonismo en las conversaciones.

5. Evitar los temas “conflictivos”: Como os decía al principio, estas cenas a veces suponen la ruptura de importantes diques como el de las atracciones secretas contenidas bajo esas luces fluorescentes –que por cierto, tan poco favorecedoras son- pero también para los cabreos y odios enquistados. Volvemos de nuevo al consejo número 2. Cuidado para los que han comido odio y rencor todo el año: el alcohol lejos de echar esos sentimientos a los pies como si de una bola de comida se tratara puede producir el efecto contrario y entonces sí que la hemos liado…

6. No hablar más de la cuenta: El exceso de confianza puede crear problemas, así que lo mejor en estos eventos es no ser demasiado abierto ni hablar más de la cuenta. Hay que recordar que, salvo excepciones, nos encontramos con colegas, no entre amigos, así que hay que ser prudente con todo lo que se dice.

7. Ser agradecido: Siempre se debe dar las gracias a los organizadores de la cena. Y si hubiese ocasión, también es recomendable agradecer con amabilidad la velada a los directivos sin llegar al peloteo…

8. No acostarte con tu jefe o jefa

9. No acostarte con tu compañero o compañera

10. No acostarte con nadie… De noche todos los gatos son pardos y parda es como la puedes liar si te saltas mis consejos 2, 8, 9 y 10…

 

Y para que te evites la llamada que se que me harás cuando leas el post: ponte la camisa azul marina de Ralph Laurent, tu pañuelo azul, el pantalón beig y tu blazer azul marino también. En tu caso acuéstate con ella o te arrepentirás de no haberlo hecho… tú no tienes jefe y creo que no he puesto en las normas ‘No acostarse con una subordinada’. Para tu suerte ella no me lee por lo tanto no sabe de los puntos octavo, noveno y décimo.